Otra sarta de mentiras yankis (I)

Aceptamos libro como animal acuático

Los estadounidenses tienen una forma de contar las historias que los define como tales: siempre es una historia de superación personal,  miedo a lo desconocido, y triunfo final. Por el medio, aderezos propios como la expresión “patear culos”, la ineludible cita a Moby Dick -que es allí como El Quijote aquí-, pequeños intentos de distinción por vía del gusto, y momentos escatológicos que quizás funcionen en una panda de amigotes, pero difícilmente en un libro.

Vaughters fue un ciclista mediocre, uno más de la maquinaria depredadora del UsPostal: eran material fungible; una vez fuera de la estructura, se convertían en una sombra de lo que habían sido, y dejaban el ciclismo antes de los treinta. En este caso en concreto, su sombra se extiende mucho más allá de su retirada, ya que prácticamente enlazó su dorsal con la poltrona de máximo dirigente del equipo Slipstream, que empezó como el Garmin en 2007, y todavía sigue en el pelotón con el nombre de Education First.

Un filósofo

El año pasado Vaughters publicó una biografía, que ha sido rápidamente traducida al castellano por la editorial Libros de Ruta. Su máximo valor es que llega prácticamente hasta ayer, aunque ya se deja fuera momentos con el Bettiolazo de Flandes 2019. Es importante señalar esto porque, si algo caracteriza el libro de Vaughters, es la impresionante capacidad para enlazar una mentira detrás de otra y pretender que alguien se la crea.

Auxiliado por el periodista británico Jeremy Whittle, el libro tiene una estructura clásica donde el exciclista va contando su historia de la misma manera edulcorada que cabría esperar de un ciclista, con abundantes toques victimistas (“tenía el talento académico y atlético de un gusano”), que alcanzan su cénit al final del libro cuando confiesa que es Asperger, sin venir mucho a cuento y para justificar que muchas veces ha tratado a sus corredores -los que no son yankis, claro- como auténticas ratas. También a sus dos ex-mujeres, de las que apenas habla durante el libro para dedicarles al final un capítulo entero que solo se justifica, una vez más, por ser un libro de un estadounidense.

Dice que comenzó en el ciclismo de casualidad, en julio de 1986 y con 12 años, porque sus padres lo apuntaron a una carrera ciclista. Una semana después ya tenía el vicio en el cuerpo, pero no debía ser mucho porque no cita que ese año, y dos meses después, se celebraron los Mundiales en una localidad al lado de su casa familiar en Denver. Es una más de la muchas omisiones del texto. En su gran mayoría, de carácter deliberado.

Después sigue la retahíla de tópicos del género: los padres abnegados -presentados como de clase obrera, y eran abogado y logopeda- que le acompañan a todas las carreras en un coche desvencijado, el peliculero “el año que viene ganaré esta carrera” (pág. 26), el maestro malhablado que le enseña a regañadientes el ciclismo, comparar unas carreras en un parque con El Club de la Lucha y todo, todo, todo enmarcado en ese locus ameni que era el ciclismo yanki de los ochenta: buena gente, y nada de droga -eso es de los corruptos europeos-, ellos únicamente “nos pasábamos calmantes a hurtadillas y bebíamos cantidades descomunales de café” (pág. 70) en las concentraciones de la Federación. Los entrenadores eran rusos, un americano jamás pondría esa carga de trabajo a los jóvenes.

Si alguien espera nombres en este libro se equivoca completamente. No es capaz ni siquiera de escribir Shimano en una sandez de anécdota, y solo se atreve a señalar como dopado en categorías inferiores a…Gaumont, que por algo está muerto. Ya lo dice en otro pasaje de un libro, y lo aplica perfectamente: “habla de lo tuyo y no de lo de los demás”.

Los vasos comunicantes del ciclismo

Con mucha diferencia, la parte más floja del libro es la de sus orígenes antes de llegar al ciclismo europeo. De hecho, parece redactada por otra persona, o quizás un libro abortado: parece un mal guión de un capítulo piloto. Dice de Bobrik que “acabaría triunfando en el ciclismo europeo” -un onehit wonder-, y todo porque para ese supuesto guión cinematográfico queda bien meter a los rusos, como en Breaking Away.

Como es bien sabido, Vaughters llega a Europa de la mano de un equipo español de mitad de los noventa, el Santa Clara. En un gesto de deferencia, no cita al equipo hasta pasadas treinta o cuarenta páginas de vivencias españoloides, donde no falta la chica guapa, las paellas, las voces y las fiestas fumando. En el libro, de cuatrocientas páginas, se repite no menos de seis veces la mongolada yanki de llegar a un sitio desconocido y pensar que lo van a secuestrar o asesinar.

Por supuesto, es en España donde conoce el dopaje, del que ya había oído “rumores”. Nada más llegar le hacen una prueba de Vo2max y saca un ochenta, aunque más adelante en el libro (pág. 172) dice que llegó a tener noventa, lo que no se cree ni bebiéndose todo el agua de los floreros. Intenta demostrar que era un talento natural -con el ventrículo izquierdo anormalmente grande-, pero que el ambiente ciclista le impidió triunfar. ¿Les suena el cuento? Es el de siempre, sí.

Toma pâtes, Danny Pate

Es virginal y puro: mientras los demás fuman y se hacen putaditas en las concentraciones, además de frecuentar golfas, el jamás hace nada por sus altos valores cristianos -o luteranos, o menonitas, porque dice tres cosas diferentes-, y ni siquiera prueba alcohol (pág. 120). Se encerraba y se ponía a leer a Tolkien, “porque la lectura siempre ha sido mi vía de escape”. Lamentablemente, hay una alta correlación entre los grandes lectores y la capacidad de escritura, y esto no se refleja en el libro. En absoluto. Otra mentira más de Vaughters.

Es todo tan irreal que llega a decir que su escaso rendimiento en los tres años en el Santa Clara se deben, además de haber evitado la EPO, “a los virus europeos, a los que mi cuerpo no estaba acostumbrado” (pág. 140), una patochada que se hace aún mayor al leer el libro en los tiempos del Covid-19.

Son páginas de fantasía pura, donde dice que se puso a investigar por su cuenta sobre los efectos del dopaje, y descubrió en 1995 que la hormona del crecimiento junto con EPO podría aumentar las células cancerígenes en caso de cáncer (pág. 152, 167), en un claro gotcha a Armstrong.

¿A qué no parece la misma persona? Por dentro sí

En un libro de un yanki es normal que gran parte del interés pivote en torno al Ídolo Caído, con el que no mantiene ninguna relación amistosa. Eso sí, acepta totalmente las tesis del armstrognismo (que el era bueno de manera natural, y se tuvo que dopar por los demás), porque es su misma tesis, o lo que ambos intentan vender. Resulta tan patético que incluso llega a afirmar que el cowboy ganó el Mundial 1993 limpio (pág. 159) porque no tomaba EPO, cuando ya iba como Liza Minelli.

Lo del ciclismo yanki es una fantasía de niñatos malcriados: así se ha quedado tras revelarse que su generación de oro -así denominada en el libro- lo consiguió todo gracias a ponerse hasta el culo de todo lo que había, y que después no han ganado como país nada de nada: ni un podio en el Tour, el mejor resultado en un Mundial sigue siendo el 5º de Chann McRae en 1999 -citado en el libro como un gran talento, ya se vió en su retirada a los 26 años- y ni una clásica.

Niñatos malcriados de verdad, capaces de escribir (pág. 163): “había dado a este deporte todo lo que tenía. Me había perdido fiestas de graduación, me había perdido incontables cumpleaños y fiestas, me había perdido muchos hitos de la vida que mis amigos ya habían dejado atrás”, para después pasar a justificar por qué empezó a tomar droga -no falta la ruptura amorosa-, en un capítulo titulado ¡Viva la Química!.

Y aún así no le sirvió de nada, y como es un mentiroso dice que “cuando abandoné el ciclismo, la mitad del pelotón iba al 60% de hematocrito”. Si así fuese, no se conocería a Riis por “Mr. 60%”, y no hubiese ganado un Tour el antiguo gregario de Fignon para el llano. Pero no se preocupen por el abandono: como buen niñato, cada vez que Vaughters tenía una bajona se volvía a EE.UU, recuperaba el sabor de las hamburguesas con guisantes como comida en una concentración en una cabaña, y después volvía a Europa a demostrar que era muy bueno. Tan bueno que hasta tenía un justificante de la UCI para tener un hematocrito del 52%, tan popular por esa época.

Vaughters inventó la distancia social antes de la distancia social

Como ha quedado claro, Vaughters es un ser de luz: incluso apoyó a Bassons por lo bajini -nadie lo vio, ni siquiera el francés, que no lo cita en su libro- cuando Armstrong lo acosó, si se dopó era porque el malvado Del Moral le metía de todo en esas jeringas, y que cuando gana la cronoescalada al Ventoux en 1999 -una de sus únicas cuatro victorias europeas- no iba dopado, hacía semanas que no tomaba nada. Y que si perdió la general fue por culpa de Armstrong y Bruyneel, que lo querían fuera del equipo.

Después vino su paso al Credit Agricole, donde estuvo tres años dopándose a espaldas de Legeay, y sin conseguir nada, salvo aquella cacareada CRE del Tour 2001. Según su siempre fiable testimonio, ganaron limpios: un equipo con O´Grady y Boardman. “No puedo decir que supiera exactamente lo que hacían todos y cada uno de los ciclistas en privado, pero tengo mi opinión. Creo que, aunque algunos de nuestros ciclistas se habían dopado en anteriores momentos de sus carreras [y posteriores], en 2001 ya no lo hacían”.

Ahí se acaba el Vaughters ciclista, uno que salió en cuatro Tour de Francia y jamás llegó a París. Con un Vo2max de 90, y dopándose como los que más, y solo pudo rendir al nivel de victoria cuando iba hasta las trancas para ayudar a Armstrong, exactamente igual que Andreu, Hamilton, Landis o Hincapie.  En 2003 vuelve al ciclismo americano y se reinventa, en esas historias tan curiosas de ese país, en mánager, nada menos que de un equipo que se vendía como de arrepentidos, y que ya tuvo tratamiento aquí.

Es, con mucha diferencia, la parte más interesante del libro. Abundan las mentiras, pero también muchas reflexiones interesantes, y será el objeto de la continuación de esta reseña.

***

Han sido casi tres meses de un tremendo ridículo del periodismo deportivo, incapaz de crear contenidos por sí mismo. Hoy mismo el invertido de Francisco Jose (“Pacojó”) Delgado, un especialista en la genuflexión, se inventaba un caso de censura a raíz de que dejen entrar en los estadios de balompié únicamente a un periodista por medio de comunicación.

“Nos dicen que es todo por seguridad sanitaria, y me vais a permitir que lo ponga un poco en duda. Tebas quiere abrir los estadios al público porque vosotros gastais, y eso le mola. Y Tebas quiere aprovechar para cerrar los estadios al periodismo, porque preguntamos y contamos, y eso no le mola tanto. Y yo os cuento que a eso se le llama censura; camuflada de seguridad sanitaria, que no cuela. Amparado en el virus expulsa de prensa lo que cree su fútbol [sic] La tele que paga va, a condición de no molestar mucho. Aprovechan la puerta cerrada para callarnos la boca, pero tendremos los ojos bien abiertos”.

Es un hacednos casito de manual, a manos de un llorica ejemplificativo de un colectivo inútil. Dice que no habrá “inalámbricos”, y que eso es censura, como si rascasen alguna declaración más allá de son once contra once, no hay rival pequeño y el mongoloide partido a partido. Son unos sinvergüenzas, haciéndose pasar por algo más de lo que son: simples palanganeros, inútiles y prescindibles. A los últimos meses me remito.

***

Una ciudad de 80.000 habitantes vende como gran éxito que haya 79 nuevos usuarios de su sistema público de alquiler de bicis, que ha costado cientos de miles de euros. La vergüenza del despilfarro público a coste de las dos ruedas, y llega una Edad de Oro al respecto. Como he leído por ahí, la bicis son el nuevo papel higiénico.

***

Con una gran seguridad puedo afirmar que habrá maillot edición 15º aniversario del blog. Lamentablemente la crisis sanitaria que se desarrolla en la actualidad ha alargado los plazos previstos, afortunadamente todo sin gran gravedad. Vayan preparando sus chequeras e instrumentos de pago, y permanezcan atentos a este canal.

 

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40 thoughts on “Otra sarta de mentiras yankis (I)

  1. Se extrañaban tus articulos! Una buena sorpresa encontrar uno nuevo en mi mañana en Australia….

     
  2. Me ha hecho gracia eso de que un abogado y una logopedia son clase media porque me ha recordado a un texto biográfico sobre Torres Quevedo que publicitaba hace nada el colegio de ingenieros de caminos. En él el trata como clase media a un ingeniero de caminos de mitad del siglo XIX, cuando había una única escuela en España de la cual salía cada 6 años una promoción de 5/7 personas.

    http://www3.ciccp.es/leonardo-torres-quevedo-el-ingeniero-de-caminos-que-invento-y-diseno-el-futuro/

    Por cierto, el título tampoco tiene desperdicio.

     
  3. Aupa Sergio,

    Se te echaba de menos. Si nos vuelven a confinar no nos abandones 😉

     
  4. Desde que se prohibieron las declaraciones de jugadores a pie de campo, salvo para los medios oficiales, el inalámbrico en el balompié tiene el mismo cometido que el becario del telediario: contar que llueve.
    Curiosamente se quejan de que no les dejen estar, y no de que hayan convertido su trabajo en irrelevante al blindar todo contacto con los protagonistas (precisamente por lo cerriles y dados al ridículo que estos son, lo que enlaza bien con Vaughters).

    Bienvenidos sean los nuevos posts de ciclismo y ¡sobre todo ese maillot!

     
  5. Por fin hemos llegado a la Fase2005 y ya hay algo que llevarse a la boca. ¡Qué ganas de maillot!

    Respecto a Voughters, simboliza el ciclismo actual: lleno de personajes que dieron positivo, que han estado componiendo dopaje estructural durante años, y que después declaran haberse redimido y ser adalides de la limpieza y el arrepentimiento sin realmente haber cambiado un ápice.
    Es consustancial a los managers, masajistas, jefes de equipo, chóferes, etc… Y lo es porque los que llegan a suficiente edad sin haber cantado, siempre tienen premio en la endogamia que forma esta mafia.

    La pena es que el otro día estaba viendo un trozo de un documental sobre Armstrong con un amigo y este me preguntó acerca de Vaughters si también estaba en el ajo, confiando en que le iba a decir que era alguien inmaculado.
    Depende de cómo vistan los medios de comunicación a todos estos personajes, lo aparentarán o no, porque todos viven realmente de lo mismo.
    A la espera de la segunda parte, pero me temo que no será muy alejado de su propio blanqueamiento.

     
  6. Las ausencias u omisiones de nombres llaman la atención… a mi me sorprendió cómo hablaba bien del paganini de Santa Clara, citando su nombre (Enrique Tatay) y bastante más adelante dice que “el financiador del equipo fue detenido por narcotráfico”, omiténdolo, como si fuera una persona desconocida. Si está en Google, tío.
    Señala a los opusianos del equipo, algunos célibes de buena fe “y otros no tanto”, también sin señalar quiénes eran más golferas. Eso habría estado divertido.

    Claro que también lo eché de menos en el libro de Fignon… él dice que tuvo claro que ya no tenía cabida en el ciclismo en la época del EPO cuando constató que tíos incluso mayores que él, que en su vida habían hecho nada, estaban ahora marcando el ritmo del pelotón de una forma que él no podía seguir.
    No habría estado mal dar nombres, también. Y doctores asociados. Eso no sería acusar, sería constatar una opinión.

    Supongo que lo de que le votó a favor en la asociación de ciclistas “el mítico director Eusebio Unzué” te debió encantar 😀

    Para mi, lo peor es que dice muchas veces que el ciclismo ya ha cambiado y que han bajado las velocidades medias, y que ya no estamos en la época del EPO, etc, aunque el tío se contradice muchas veces sin darse cuenta. Al hablar de Contador, mismamente.

    Tampoco es bonito como arremete contra Millar o Landis, que son casos calcados al suyo. Pero, según él, Millar es un oportunista jeta que enarboló el buenismo para continuar pedaleando, apoyado por la pesetera-enreda de su hermana (funfadora del Sky y actual CEO del Ineos; cágate lorito, pero que en el Informe Robinson sobre Millar sale llorando ante la cámara por su hermanito y el propio Millar la señala como el artífice de su redención). Según JV; Millar siempre quiso fichar por Sky en su vuelta y como no le dejaban por su pasado químico (tiene narices tb, el equipo con más sospecha tóxica con diferencia), entonces intentó ir con JV como fuera, o al menos eso dice él.

    Y Landis era un ambicioso dopado no muy listo que sólo reconoció todo como estrategia de defensa revanchista para intentar hundir a Armstrong y a todo el ciclismo.

    Entra aquí el concepto de autoridad moral, claro.

     
  7. Empiezo a pensar que cuando Sergio habla del nuevo maillot2005 no lo hace en sentido literal y sería más bien una especie de alegoría, de tipo espiritual, como el halcón maltés. Algo como “el maillot2005 es la promesa de un futuro mejor”, “el maillot2005 es el recuerdo de nuestra mortalidad”, etc. Podría estar bien, pero yo sigo prefiriendo la lycra en talla L y corte ceñido. A ver qué pasa.

     
  8. Joder, 3 meses entrando a diario, y el día que falto ¡PAM! Dos artículos de golpe.
    Me alegra tu vuelta. Gracias

     
  9. Ahora sí se puede decir que estamos volviendo a la normalidad. Te he seguido en politicamenor, has hecho un gran trabajo, enhorabuena.
    Me alegro mucho de que volvamos a Ciclismo2005.
    Un saludo

     
  10. Esas bicicletas eléctricas del ayuntamiento de Avilés deben tener algún extraño sistema de asistente a la conducción que impide usarlas por la calzada, se pueden ver siempre por la acera y a grandes velocidades.

     
    • Son para promover el turismo en una ciudad en la que vas en 10´ a todos sus puntos cardinales. Y no oses discutirlo, porque caerá sobre tí el Mazo de los Conversos a la fe del Ciclismo.

       
  11. Aquí un Asperger diagnosticado a los cinco años que no sabe montar en bici y que no se termina de creer que Vaughters lo sea. Básicamente, el producto audiovisual que pondré a continuación ha hecho mucho daño en Estados Unidos a nivel particular, y en todo el mundo a nivel general:
    http://en.wikipedia.org/wiki/The_Big_Bang_Theory
    Y que no sepa montar en bici no quiere decir que no me guste el ciclismo. Al revés, me parece el deporte más bonito del mundo.
    Saludos.

     
    • Es por eso que la gratuidad con la que Vaughters pone al final del libro lo del Asperger -ojo, después del capítulo a calzador sobre sus dos exmujeres, a las que conoció en sitios como la cabina de un avión y una cata de vinos- resulta más artificial y enojosa.

       
  12. Maravillado que estés de vuelta Sergio, un saludo desde Colombia. Aprovecho, tienes alguna idea de cómo podemos conseguir el maillot2005 desde aquí?

     
  13. Que alegria volver a tener post, muchas gracias Sergio!

    De los americanos solo salvaria a Andy Hampsten tengo debilidad por él desde siempre, y creo que tuvo una carrera creíble!

    Espero el nuevo maillot con impaciència!

    Saludos a todos!

     
    • Bueno, Hamspten fue el primer experimento de Ochowitz…Y todo el mundo que lo vio dice que jamás volvió a andar igual que cuando estaba en La Vie Claire, el año que acabó cuarto del Tour (1986).

       
    • Uhm…con ocasión de número de Volata dedicado al ciclismo yanki escribí un artículo sobre Hampsten que finalmente no se publicó, y para el que repasé bastante el Giro 1988. Tuvo muy pocos rivales y un rendimiento en la crono bastante sorprendente, especialmente en una minicronoescalada. Después no volvió a alcanzar ese nivel salvo en 1992 en el Tour.

       
  14. Moby Dick como El Quijote, todo el mundo lo cita y nadie lo ha leído… tanta Bacía y tanta Estacha…

     

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