En diez días comienza el Giro de Italia, que tras una edición del centenario espectacular (recorrido, batalla hasta el fin, el líder a punto de perder la carrera ante un dopado y una caída) ha vuelto a caer en uno de esos males que tiene desde hace bastante años, la pésima participación de figuras extranjeras. E incluso italianas.
Con el CONI haciendo su trabajo -y también el que debería hacer su equivalente español, como sabe bien Valverde y el juez Serrano-, las figuras italianas en esta edición son Pellizotti, que nunca ha ganado nada importante, y una serie de corredores caracterizados por dos cosas: su avanzada edad y su pasado de dopaje, como son Basso, Garzelli y Scarponi. Cunego, que saldrá a la carrera a hacer amigos, ya ha asumido que lo de 2004 es imposible, aunque al aficionado le queda la duda de si seguirá conservando su certificado de hematocrito “natural” al 52% o ya se habrá curado, ahora que se ha avanzado tanto en la detección de EPO.
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