Ayer Philippe Gilbert ganó su tercera carrera consecutiva, confirmando el estado de gracia en el que se encuentra. Tras ganar la Copa Sabatini el jueves y la París-Tours el domingo, su última pieza cobrada ha sido el Giro de Piamonte, bautizado para la ocasión como Gran Piamonte. No ví la carrera, aunque me hubiese gustado mucho: atraviesa paisajes vinícolas de gran belleza y zonas de colinas, y encima el vencedor ha sido un corredor entusiasmante.
Este año se llegaba a Fossano, una pequeña ciudad industrial en el sur del Piamonte, famosa por tener una importante fábrica de trenes. Las crónicas dicen que Gilbert realizó su primer ataque a dos kms. de meta, aprovechando una subida, y que después no tuvo problemas en imponerse al sprint a los que no se quedaron temblando, el español Dani Moreno y el italiano Francesco Gavazzi, que está haciendo una gran temporada.
Gilbert continúa así una tradición no escrita del ciclismo, la del corredor que va por encima de los demás en el final de temporada y que aprovecha para obtener un botín mayúsculo: en 1995 fue Olano, que también ganó todas las carreras que disputó (incluyendo Mundial) salvo el Lombardía, donde fue 12º; en 1997 Jalabert, que ganó Milán-Turín y Lombardía; en 1998 Camenzind triunfó en Mundial y Lombardía; en 2006 Bettini repitió los mismos triunfos que el suizo, mientras que S.… Leer más