Balada de Las Landas (con meada incluída)

Balada de Las Landas (con meada incluída)

Llegar a Pau y que sea con sprint, con el quinto triunfo para Kittel en once días de carrera. En una frase, resumido el horrible Tour de Francia que ya ha pasado su ecuador, y que todavía no ha afrontado ni Pirineos, ni Macizo Central, ni Alpes. Una crono de 14 km, un final en alto, y una etapa de montaña donde jamás se superaban los 1500 metros de altitud es todo lo que ha pasado.  Las caídas y las descalificaciones, lo más destacado. Que el Sky haya sido el único líder de la carrera se pasa por alto, porque es la misma monotonía.

Mediada la etapa, poco antes de las tres de la tarde, se oyó balbucear a Carlos de Andrés algo sobre que se estaba creando tensión. Fue así, lo juro. Solo se veía el bosque inmenso de pinos que conforma las Landas, un territorio digno de las peores pesadillas: totalmente llano, escasamente poblado, arenoso y carente de otros atractivos de Francia como los pueblos bonitos o los monumentos destacados.… Leer más

 

Vísperas de sentencia

Vísperas de sentencia

Víspera de la primera montaña de verdad en el Tour, y tras cerrar el primer ciclo de la carrera, no se puede decir que la misma este muy abierta. Se puede decir que los principales favoritos llegan a la montaña con diferencias bastante abultadas, y donde Froome, líder de la carrera, está demostrado una fortaleza a prueba de todos y de todo tipo de terreno. Y ahora llega el suyo, la alta montaña.

El sábado la etapa resultó un tostón de mucho cuidado, reflejo de que el Tour de Francia ha copiado de la Vuelta para lo bueno, y para lo malo: si pones un final tan exigente como el Mur de Bretagne, impides cualquier otro tipo de movimiento. La fuga fue chiste, como lo están siendo todas en un Tour donde ninguna ha llegado a meta, y donde ninguna ha tenido un corredor que se mueve entre los cincuenta primeros ni de la clasificación UCI, ni de una etapa.… Leer más

 

¡Con lo que nos hemos querido!

Esta imagen, de folklóricas a 60 kms/h, corresponde al Giro de 2008, donde Mark Cavendish le regaló la victoria en la meta de Locarno a su lanzador Andre Greipel, hasta entonces un no tan joven (26 años) sprinter alemán, de la categoría de los anónimos.

Basta dar un vistazo a su tabla de la imprescindible cqranking.com para ver el salto que dio entre la temporada 2007 y 2008, coincidiendo con la refundación del T-Mobile (del que ya no se acuerda nadie, aunque el HTC-Columbia sea su sucesor directo), la llegada de Zabel para asesorar en los sprints y la gestión americana del equipo, que cierra las temporadas con cifras de victorias más propias de un régimen comunista que de un equipo de ciclistas.

A esto ha contribuido mucho este nuevo Greipel, apodado Hulk por su marcada musculatura: en las dos últimas temporadas ha acumulado 30 victorias, incluyendo cuatro etapas en la última Vuelta.

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