Ha muerto una leyenda del ciclismo

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En 1957, en el equipo del joven Anquetil

Hay que evitar como la peste caer en las batallitas del ciclismo no vivido, y considerando que Roger Walkowiak ganó su Tour de Francia hace 60 años quedan pocos que puedan dar su testimonio de lo vivido. Quedan los libros de historia, que en este caso es una historia repetida una y otra vez en sus puntos cardinales, evocada hasta la extenuación porque contiene todos esos elementos que favorecen la boxeización del ciclismo (¡dicen que se arrepintió de su victoria!) y su creciente aurea maldita, además de milagrerismo y casualidades.

Así es: a Roger Walkowiak lo nacieron en 1927 en Montluçon, un pueblo en el corazón de Auvernia, que es como decir el corazón de Francia. Su padre era un polaco emigrado en el marco del convenio por el que llegaron 700.000 de sus compatriotas durante los años de la postguerra, en parte para suplir la escasez de mano de obra local -la gran carnicería de las trincheras, donde murieron cuatro millones de franceses- y en parte porque en Polonia no quedaba nada en pie

¿Por qué Montluçon, alejado de las minas de carbón del noroeste, donde se instalaron el grueso de sus compatriotas? Porque era un pueblo industrial, con fábricas de armas -lejos del frente, no vaya a ser que volviesen los alemanes- y especialmente una de la multinacional británica Dunlop, instalada a unos 100 km. de la gigantesca factoría de Michelín en Clermont-Ferrand. Rivalidad empresarial en el mundo de los neumáticos, y necesidad de mano de obra para equipar una sociedad que se movia hacia y por el motor de explosión.

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Leyendo lo que la carcundia decía

Ahí trabajó su padre, y ahí volvería a trabajar Walkowiak después de ganar el Tour de Francia, haciendo cierto el dicho de la que la vida es una rueda -o una escalera, según Buero Vallejo- donde por mucho que lo intentemos es difícil salir del camino marcado por los padres, y que todo gira o sube y baja para volver a la misma situación. La rueda de Dunlop, y la escalera de tocar el cielo con el Tour y el suelo con lo que vino después.

Walkowiak era un buen corredor que entró a disputar el Tour de 1956 con el bagaje de una victoria en la Vuelta de ese año (Pamplona) y segundo en el Dauphine 1955, pero con la rémora de entrar en la selección Nord-Est-Centre (el NEC Plus Ultra, equipo B francés, cuando el Tour todavía se disputaba por selecciones nacionales) sustituyendo a otro corredor, ascendido al equipo A. Se suponía que no tenía que estar ahí, y mucho menos disputarle los oropoles a los divos, pero lo hizo y su nombre ha quedado vinculado para siempre a la historia del ciclismo y del deporte.

Era un Tour donde el tirano de los tres años anteriores -el primer corredor en ganar tres Tour seguidos- no había tomado la salida, y era alguien tan adorado como Bobet. La carrera no tenía un claro favorito, porque los jóvenes llamados a despuntar todavía estaban demasiado tiernos -Bahamontes, que acabó cuarto, Nencini, Gaul- y los veteranos como Coppi, Kubler o Koblet ya no estaban ni para tomar la salida. Un Tour sin dominador, y por tanto abierto a todo.

Tanto como que en la séptima etapa, con final en Angers, llegase a meta una escapada con 31 corredores y nada menos que 18´ de ventaja sobre el pelotón de favoritos, una escapada donde estaba Walkowiak, pero también el corredor al que había sustituido en el último momento, su compatriota Bauvin.

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En el velódromo del Parque de los Príncipes

A partir de ahí, el Tour fue una carrera de resistencia y cálculo por parte de Walkowiak, que ya había acumulado un buen colchón de minutos en las etapas previas, cuando nadie se fijaba. Al séptimo día logró el maillot amarillo, y con una ventaja de casi 40´ con los escaladores como Bahamontes o Gaul. Además, 12´y 15´ con los corredores que le acompañaron finalmente en el podio, con una ventaja reducida a 1´25″ y 3´44″ respectivamente, tras pasar Pirineos, Alpes y una crono final de 72 km.

Eran Bauvin y Adriaenssens, dos aventureros que, como Walkowiak, se pasaron la primera semana del Tour al ataque, y de los que tampoco se supo mucho más. Nadie les ha preguntado, hasta donde se sepa, si se hubiesen arrepentido de haber ganado aquel Tour, un Tour y unos podios conquistados en buena lid y ante corredores que quizás tengan sus nombres grabados en oro en los anaqueles de la historia del ciclismo, pero que no pudieron hacer nada ante esos rodadores anónimos. Es más fácil regodearse en la supuesta mala fortuna de Walkowiak (¡ganar un Tour!) que en lo que pensaban los que no pudieron hacerlo con la misma ventaja.

Narrar batallitas del pasado que no sean basadas en tiempos y clasificaciones es inútil: no sabemos si se remolcaban, si hacían trampas o si tomaban fortificantes. Hay que desconfiar mucho de esos que llenan de soflamas épicas aquello de lo que no quedan más que fotos fijas y parciales. Walkowiak ganó cuando nadie se lo esperaba, y ganó de una manera no discutible. Por tanto, que nadie compare su triunfo con el de Pereiro. No tiene nada que ver, aunque en aquel 2006 el demente Arribas hiciese juegos cabalisticos sobre la coincidencia con el 50º aniversario del triunfo de Walkowiak.

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Esto es lo que pasó; lo demás, batallitas y cuentistas

Su triunfo fue mal acogido por los organizadores y los periodistas. Carecía de cualquier glamour -la época en que los ciclistas se peinaban hacia atrás- y se acuñó la frase “ganar a lo Walko“, esto es: de sorpresa, sin que nadie se lo espere. Sin merecerlo. Como si no hubiese estado al ataque y cobrándose ventaja sobre sus rivales durante la primera semana de aquel Tour. Se retiró en 1960 con 33 años -una etapa en la Vuelta 57 con final en Cuenca,  y poco más tras su Tour victorioso- y esa imagen falsa de corredor que se llevó un premio gordo sin mecerlo.

Así funcionan las famas: en 1966 Lucien Aimar ganó el Tour y no volvió a hacer nunca más nada -mucho menos que Walkowiak-, pero jamás ha tenido esa imagen. No se leerá por ahí, pero seguro que parte de esa leyenda negra sobre el corredor de Auvernia tiene que ver con su apellido, con su origen obrero, con su caracter blando en una época de grandes figurones, de franceses orgullosos de sí mismos. Todo eso lo viviría años después Luis Ocaña, tan parecido a Walkowiak en aquello que no puedes escoger porque te viene dado por ascendencia.

Ni siquiera se retiró con dinero. Era costumbre de la época, y todavía lo sigue siendo, repartir todos los premios entre los compañeros de equipo. Se lee que firmó para 34 criteriums post-Tour, pero la fama creada por la prensa le impidió firmar un supercontrato para el año siguiente, que vería el ascenso fulgurante de Anquetil. Se retiró con unos ahorros para poner un bar, que cerró poco después porque supuestamente todos le venían a recordar la victoria (¿qué otra cosa se puede hacer en Montluçon?), en un pasaje repetido hasta la saciedad por los que se regodean en esa imagen patética del ciclismo, como de boxeadores noqueados.

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Tu eres el campeón, y lo demás merde

Hay que decirlo ya: Walkowiak ganó su Tour. Ganó un Tour de Francia, la carrera de la regularidad. No es un Wampers. A nadie en su sano juicio se le ocurre pensar que a Paco Galdós, segundo en su Giro, pudiese cerrar su pizzeria Dolomiti en Vitoria porque le venían a recordar su derrota. Pero todo vale con Walkowiak, alguien que ya había trabajado en la industria antes de ser ciclista, que de pequeño veía en su casa lo que veía, y que desde 1963 volvió a su oficio: tornero fresador. Durante 20 años. Después de haber ganado un Tour.

Que una buena dosis de realidad no te rompa la imagen cinematográfica del ciclista que lo deja todo porque le recuerdan que había ganado. Ga-na-do. Se alejó del mundo del ciclismo porque nunca le aceptaron con toda su valía, y el enorme tiempo transcurrido, sesenta años que se dicen pronto, le ha proporcionado su mayor victoria, mayor incluso que el Tour conquistado en la carretera.

Esa Francia altiva y orgullosa, la que acababa de vivir Dien Bien Phu y se aprestaba al desastre de Suez como meros accidentes coyunturales en vez de lo que eran -el fin del Imperio-, la que enlazaba campeones sin fin, lleva nada menos que 31 años sin ganar el Tour de Francia. Que bien vendría ahora, y qué diferente se trataría, una victoria como la de Walkowiak (de esa forma, con ese coraje), tras tantos años de sequía y penuria: lo que entonces eran “los aplausos del Parque de los Príncipes parecían lamentos” -en palabras del director de la carrera, Jacques Goddet- se han convertido en un corredor reivindicado en el momento de su muerte, porque ganar el Tour nunca ha sido fácil. Ni siquiera para Walkowiak, el mismo que en una de sus escasas entrevistas, en 1985, acusaba a los periodistas y organizadores: “esos desgraciados me robaron mi Tour”. Los mismos que hoy lo recuerdan sin afecto alguno.
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La última etapa del Dauphine 2017 tendrá la meta en Alpe D´Huez, como en la mítica edición de 2010.
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Habrá que recuperar esto en el futuro: Dumoulin preparando el Giro en Sudáfrica, el mismo sitio donde iba Ullrich a finales de los noventa, Sastre a mitad de la década siguiente, o Froome el año pasado.
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37 deportistas de “alto nivel” empadronados en Cangas de Onís, un pueblo asturiano. Como todo es ya una vergüenza, no nos indignamos con la Mafia del deporte, la generación mejor formada, y las prebendas para colectivos privilegiados.

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58 comentarios en “Ha muerto una leyenda del ciclismo

  1. Un merecido homenaje. Es cierto lo que dices de las batallitas, pero tampoco se pueden dejar de contar estas historias a mucha gente que jamas las ha oido y dificilmente las conocerá (a no ser que las vean un documental en Discovery Max).

     
  2. Un gusto leer sobre ciclismo antiguo.
    Desconocía está historia. Gracias.
    Una puntualización, la pizzería de Paco Galdós, en Vitoria, se llama Dolomiti. No Vezubio.
    Buen ritmo de post y todavía en pretemporada. Que lujo.

     
  3. Muchas gracias, cómo me he deleitado leyendo el post. Sergio, ¿en serio la victoria del Tour de Walkowiak en NADA se te asemeja a la de Pereiro? Vale que la trayectoria vital de cada uno -y en parte muy influida por razones históricas- terminara con uno currando en una cadena fordista y con otro medio siglo después yendo a los platós de los programas de TV futbolísticos para noctámbulos necios, pero la victoria del gallego también se da en un momento sin claros aspirantes. Y bueno, al ataque un poco el segundo, ¿no?

    Y que conste que ni soy fan ni nada del señor Pereiro.

    Por otro lado, no tenía ni idea de la vida de Walkowiak más allá de su estela repetida de ganador fortuito, o perdedor afortunado.

     
    • No se parece en nada. Pereiro ya había sido décimo en dos Tours previos, y ganado una etapa de alta montaña (otra la vendió). Pereiro, en vez de ganar tiempo en la primera semana, perdió 28´ en los Pirineos. Y Pereiro no ganó su Tour

       
      • Hombre, la lógica que lleva a pensar que Pereiro no ganó su Tour, es la misma que se deduce de Contador (o palmeros) cuando dice que tiene 9 GV.

        Por otro lado, qué gran post. A todos nos encantan estos pasajes de la historia, al fin y al cabo son los que han hecho grande al ciclismo y al Tour.

         
        • Pereiro no ganó nada, igual que Contador no ganó el tour del 2007, se lo regalaron. Asimismo, Schleck tampoco ganó en 2010, y para qué hablar de Armstrong…

           
          • No serán casos clónicos los Tours del 56 y el 2006, pero tienen muchas similitudes.

            Con respecto a los paralelismos entre ambos, lo afirmas tú mismo en este blog allá por el 16/10/2007:
            “Roger Walkowiak por fin tiene sucesor. Se llama Oscar Pereiro, y ayer fue proclamado ganador del Tour de Francia 2006, con todos los honores y prebendas, (…) El problema es preguntarse por qué Pereiro acabó segundo en ese Tour, un puesto que jamás de los jamases repetirá. Ni el Tour, ni en la Vuelta, ni el Giro. No vale. El cuerpo no le da para más. Es un auténtico Walkowiak”.

            El propio Walkowiak, en una entrevista telefónica a ABC el 21 de julio de 2006, es partidario de esta visión: “Me emociono. Merece ganar esta edición. Ha hecho como yo. Cogió el «maillot» amarillo en una escapada, luego lo perdió y lo ha vuelto a recuperar. Como hice yo”. (http://www.abc.es/hemeroteca/historico-21-07-2006/abc/Deportes/las-lagrimas-de-walkowiak_1422544268359.html).

            Un saludo.

             
              • Y a saber lo que haría Walkowiak. Pero Pereiro, que indudablemente ganó por que le dejaron en esa escapada, ganó atacando y después aguantando admirablemente a Kloden en los Alpes. Con la bolsa de sangre.

                 
      • Pereiro se ha construido un personaje (tertuliano futbolero tócate los cojones) que me da bastante asco. Lo mismo que su paso por Phonak que creo que está en el top 3 de equipos bandera del dopaje.

        Dicho esto, me gustaría mucho que alguien gane un Giro, Tour o Vuelta fruto de una escapada tipo Urdax y luego aguantar.

         
  4. El tratamiento que le han dado a ciclistas como Thomas Voeckler o Cedric Vasseur en sus buenos Tours ha sido muy diferente.
    La actitud en cambio de los medios cuando les interesa destrozar a alguien sigue siendo igual.

    P.D Ayer adquirí “Una dura carrera” de Paul Kimmage, llevo unas 100 hojas y me está gustando. Curiosamente la introducción del libro toca el poder de los medios y como tratan a su autor en la TV irlandesa.-

     
      • Hace un tiempo leí en un foro un hilo sobre los ciclistas con el carácter mas retorcido (por decirlo suavemente), y uno de ellos era Roche. En el Giro del 87 hizo mas de una demostración de ello.

         
            • Sí, soy de esa opinión. Aquí, como país, se vivió con cierta intensidad por eso de Contador y Samuel Sánchez atacando bajando, pero…ufff…

               
            • Es que esa etapa fue mucha etapa, eso ensombrece cualquier vuelta. Andy empujando a Monfort subiendo el Izoard y Evans comiendose todo el marrón el solito por detrás y ganando el Tour a la defensiva (y por la falta de valentía o de fuerzas de Andy al día siguiente). Creo que la vi por lo menos cinco o seis veces repetida y no me aburre. Casi nadie comparte mi opinión en cuanto al ganador de esa edición pero a mi me pareció lo más justo.
              Se me olvidaba el otro “Walko” Voeckler, vaya etapa y vaya Tour que hizo, fue tremendo como andaban en ese equipo.
              Tampoco estuvo mal la bajada de Voeckler en Pra Martino, vaya descerebrado.

               
    • A Voeckler se lo toman a cachondeo el duo comico, pero es un corredor que estaba en todos los ajos y animaba la carrera. A mi me gusta.

       
  5. Hace mucho que no escribo por aquí, y hoy sólo lo hago para darte las gracias por la cantidad y calidad de posts de este inicio de temporada, y animarte a seguir.

     
  6. La prueba de que no fue un “ciclista noqueado” es que llegó a los 89 y no acabó como Claveyrolat (otro que también abrió un bar, como bien cuenta Kimmage).

     
  7. Mil grácias por esta lección de ciclismo, si te soy sincero jamás había oido hablar de este corredor, cosas de haber nacido en los 90…
    Me has dejado con muchas ganas de seguir indagando en el tema e intentar averiguar más información. Formidable

     
    • Como introducción a los nombres de la historia del Tour, recomiendo “Plomo en los bolsillos”, de Ander Izagirre. Es otra narración épica más de otras épocas, con lo que, como señala Sergio, estará deformada la realidad al no estar escrito por testigos directos. Pero está bien escrito, es muy ameno y divertido. También vale para continuar indagando en la biografía de corredores cuyas hazañas llaman la atención en este libro.
      Por otra parte, me llama poderosamente la atención un personaje de la talla de Gino Bartali, su historia deportiva y sobre todo personal es fascinante. Fue eclipsado por el grandísimo Coppi no solo en lo deportivo, ya que el gran Fausto además era comunista frente al bueno de Gino, católico hasta las últimas consecuencias. Algo tuvo que ver también la enorme discrección de Bartali en los aspectos más memorables de su vida. Lo dicho, enorme personaje

       
      • Y murió a la nada sospechosa edad de 85 años. De hecho es curioso que los grandes campeones del ciclismo o bien superan con creces la espera de vida como el propio Walkowiak, Kubler, Poblet, Bahamontes que sigue sumando o mueren relativamente jóvenes como Anquetil, Bobet o Fignon.

         
  8. Está visto que todos hemos disfrutado un montón con este post. Cuando el amor y el reconocimiento a un ciclista son el núcleo central del tema y se combinan con esa admirable erudición, leer esto no tiene precio, pues nos sentimos más humanos y algo más sabios que antes de entrar en el blog. Qué Abajo queda entonces Arribas si se compara este texto con el que él publicó en El País. Sergio, estas semblanzas son una maravilla. (Aunque ya sé que muy difícilmente leeremos una parecida sobre Purito Rodríguez y ese meritorio palmarés que supo fraguarse desde que la sanción a Valverde le libró de su trabajo de lanzador)

     
  9. Hoy he visto a teklehaimanot en Lucca, un pequeño pueblo de la Toscana. Debe haber una farmacia importante allí.

     
  10. Creo que está todo dicho. Acabas de escribir algo genial o mejor que eso. También a ti te encantan las batallitas…

    Como disfruto de los héroes desdichados y malditos. Que historia tan triste y tan real.

     
  11. Tu queridisimo Carlos Verona también está estos dias entrenando en Sudáfrica, con su amigo del alma Jack Haig. Están a casi 1800 metros de altitud, vamos que se han ido a la otra punta del mundo para encontrar una Andorra pero con calor en febrero.

     
  12. Buena entrada. Con sencillo , claro y conciso.
    Algún día me gustaría ver algo are ido de un corredor español.
    Luis Ocaña reúne suficientes partícularidades como para ser objeto de un retrato. Perdedor, atormentado, dionisiaco, desarraigado y al fin trágico.
    Gracias por la pieza.

     

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